El destacado intelectual Noam Chomsky, en entrevista de C. J. Polychroniou, de “Truthout”, abordó con crudeza y datos históricos y relevantes, la crisis desatada en torno de Ucrania, con los componentes rusos, estadounidenses, chino y la OTAN. “Las consideraciones políticas como las que cita el presidente ruso, Vladimir Putin, no pueden usarse como argumentos para justificar una invasión contra una nación soberana”. “No sabemos por qué se tomó la decisión, aun si fue tomada por Putin solo o por el Consejo de Seguridad Ruso”. “No habría base para la crisis actual si no hubiese habido una expansión de la alianza (OTAN) después del final de la guerra fría”. “La irreflexiva oferta de Bush II a Ucrania de unirse a la OTAN suscitó de inmediato severas advertencias de Rusia de que un aumento de la amenaza militar no sería tolerado”. “Las sanciones llevarán a Rusia a depender aún más de China”.  “Las opciones están reducidas ahora a un feo desenlace”.

La invasión de Ucrania por Rusia tomó por sorpresa a gran parte del mundo. Es un ataque no provocado e injustificado, que pasará a la historia como uno de los mayores crímenes de guerra del siglo XXI, afirma Noam Chomsky en esta entrevista con Truthout.

“Las consideraciones políticas como las que cita el presidente ruso, Vladimir Putin, no pueden usarse como argumentos para justificar una invasión contra una nación soberana. Sin embargo, frente a esta terrible invasión, Estados Unidos debe elegir la diplomacia urgente sobre una escalada militar, pues ésta constituiría una sentencia de muerte para la especie, sin vencedores”, afirma Chomsky.

Noam Chomsky goza de reconocimiento internacional como uno de los intelectuales vivos más importantes. Su estatura intelectual ha sido comparada con las de Galileo, Newton y Descartes, y su obra ha tenido enorme influencia en una variedad de áreas de investigación académica y científica, entre ellas lingüística, lógica y matemáticas, ciencia de la computación, sicología, estudios de los medios, filosofía, política y asuntos internacionales. Es autor de unos 150 libros y ha recibido decenas de premios de gran prestigio, entre ellos el Premio de la Paz de Sidney y el Premio Kioto (equivalente japonés al Nobel), así como docenas de doctorados honorarios de las universidades más renombradas del planeta. Chomsky es profesor emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts y profesor laureado en la Universidad de Arizona.

La invasión de Ucrania por Rusia ha tomado por sorpresa a la mayoría de las personas, lanzando ondas de pánico por todo el mundo, aunque hubo cantidad de indicios de que Putin se ha visto agitado por la expansión de la OTAN hacia el este y por la negativa de Washington a tomar en serio las demandas de seguridad de línea roja en lo relativo a Ucrania. ¿Por qué cree que haya decidido lanzar una invasión a estas alturas?

Antes de responder la pregunta, debemos dejar asentados algunos hechos incontestables. El más crucial es que la invasión rusa de Ucrania es un grave crimen de guerra, al nivel de la invasión estadunidense de Irak y de la invasión de Polonia por Hitler y Stalin en septiembre de 1939, por dar sólo dos ejemplos notables. Siempre tiene sentido buscar explicaciones, pero no hay justificación.

Volviendo ahora a la pregunta, se han vertido muchas opiniones llenas de suficiencia sobre la mente de Putin. La historia normal es que está atrapado en fantasías paranoides, que actúa solo, rodeado de serviles cortesanos como los que conocemos acá, en lo que queda del Partido Republicano, peregrinando hasta Mar-a-Lago para recibir la bendición de su líder.

Puede que el alud de vituperios sea preciso, pero tal vez habría que considerar otras posibilidades. Quizá Putin quería decir lo que él y sus asociados han estado diciendo claro y fuerte durante años. Podría ser, por ejemplo, que, puesto que la principal demanda de Putin es una seguridad de que la OTAN no afiliará nuevos miembros, y específicamente no a Ucrania ni Georgia, obviamente no habría base para la crisis actual si no hubiese habido una expansión de la alianza después del final de la guerra fría, o si la expansión hubiera ocurrido en armonía con la creación de una estructura de seguridad en Europa que incluyera a Rusia. El autor de estas palabras es el ex embajador estadunidense en Rusia Jack Matlock, uno de los pocos especialistas serios en asuntos de Rusia dentro del cuerpo diplomático de su país, escritas poco antes de la invasión. Continúa hasta concluir que la crisis “puede resolverse con facilidad mediante la aplicación del sentido común…Por cualquier medida de sentido común, a Estados Unidos le interesa promover la paz, no el conflicto. Tratar de alejar a Ucrania de la influencia de Rusia -el propósito que proclaman quienes han agitado las ‘revoluciones de color’- es un empeño inútil y además peligroso. ¿Hemos olvidado tan pronto la lección de la crisis de los misiles en Cuba?”.

Matlock no está solo. En gran parte, las mismas conclusiones sobre los temas subyacentes se alcanzan en las memorias del director de la CIA William Burns, otro de los auténticos especialistas en Rusia. La postura del diplomático George Kennan, aún más contundente, se ha citado mucho a últimas fechas, con apoyo también del ex secretario de Defensa William Perry y, fuera de las filas diplomáticas, por el destacado experto en relaciones internacionales John Mearsheimer y numerosas otras figuras que pertenecen por completo a la cultura dominante.

Nada de esto es oscuro. Documentos internos estadunidenses, dados a conocer por Wikileaks, revelan que la irreflexiva oferta de Bush II a Ucrania de unirse a la OTAN suscitó de inmediato severas advertencias de Rusia de que un aumento de la amenaza militar no sería tolerado. Lo que resulta comprensible.

De paso podríamos tomar nota del extraño concepto de la izquierda que aparece con regularidad cuando se fustiga a la izquierda por su insuficiente escepticismo con respecto a la línea del Kremlin.

El hecho es, para ser sinceros, que no sabemos por qué se tomó la decisión, aun si fue tomada por Putin solo o por el Consejo de Seguridad Ruso, en el cual él tiene el papel principal. Hay, sin embargo, algunas cosas que sabemos con relativa confianza, entre ellas el historial revisado con cierto detalle por los recién citados, quienes han ocupado altos cargos en el sistema de planeación. En resumen, la crisis lleva 25 años en gestación, conforme Estados Unidos ha rechazado con desdén las preocupaciones de Rusia por su seguridad, en particular sus claras líneas rojas: Georgia y, en especial, Ucrania.

Hay buena razón para creer que esta tragedia se podría haber evitado, hasta el último minuto. Lo hemos discutido antes, en repetidas ocasiones. En cuanto a por qué Putin lanzó justo ahora la agresión criminal, podemos especular como queramos. Pero el trasfondo inmediato no es oscuro: se ha evadido, pero no refutado.

Es fácil entender por qué quienes sufren por este crimen pueden considerar una distracción inaceptable inquirir por qué ocurrió y si pudo haberse evitado. Comprensible, pero erróneo. Si queremos responder a la tragedia en formas que ayuden a las víctimas, y evitar las catástrofes aún peores que se ciernen sobre nosotros, es prudente, y necesario, aprender tanto como podamos sobre lo que salió mal y cómo se pudo haber corregido el curso. Los gestos heroicos pueden ser satisfactorios, pero no ayudan.

Como ha ocurrido a menudo, se me recuerda una lección que aprendí hace mucho. A finales de la década de 1960, participé en una reunión en Europa con algunos representantes del Frente Nacional de Liberación de Vietnam del Sur (vietcong, en la jerga estadunidense). Ocurrió durante ese breve periodo de intensa oposición a los horrendos crímenes de Estados Unidos en Indochina. Algunos jóvenes estaban tan furiosos, que sentían que sólo una reacción violenta sería una respuesta apropiada a las monstruosidades que se cometían: romper escaparates en las avenidas principales, lanzar bombas a un centro de entrenamiento de oficiales de la reserva. Cualquier cosa menos violenta equivalía a complicidad con esos crímenes terribles. Los vietnamitas veían las cosas de un modo muy distinto. Se oponían con fuerza a esas medidas. Presentaron su modelo de una protesta efectiva: unas cuantas mujeres orando en silencio ante las tumbas de soldados estadunidenses muertos en Vietnam. No estaban interesados en lo que hacía sentir rectos y honorables a los opositores estadunidenses a la guerra. Ellos querían sobrevivir.

Es una lección que he escuchado en una u otra forma a víctimas de espantosos sufrimientos en el sur global, blanco primordial de la violencia imperial. Y debemos aprenderla de memoria, adaptada a las circunstancias. Hoy día, significa un esfuerzo por entender por qué ocurrió esta tragedia y qué pudo hacerse para evitarla, y aplicar esas lecciones a lo que viene después.

La pregunta cala hondo. No hay tiempo de revisar aquí este asunto de importancia crucial, pero, en repetidas ocasiones, la reacción a una crisis real o imaginaria ha sido tomar el arma en vez de la rama de olivo. Es casi un reflejo, y las consecuencias por lo regular han sido terribles… para las víctimas tradicionales. Siempre vale la pena tratar de entender, adelantarnos uno o dos pasos en el pensamiento hacia las probables consecuencias de la acción o la inacción. Es una perogrullada, claro, pero vale la pena repetirla porque es fácil desecharla en tiempos de pasión justificada.

Las opciones que quedan después de la invasión son sombrías. La menos mala es apoyar las opciones diplomáticas que aún existen, con la esperanza de lograr un desenlace no muy lejano de lo que pudo obtenerse hace unos días: una neutralización de Ucrania al estilo austriaco, alguna versión del federalismo de Minsk en el interior. Mucho más difícil de lograr ahora. Y, necesariamente, con una puerta de escape para Putin, o los desenlaces serían aún más funestos para Ucrania y todos los demás, quizá de un modo inimaginable.

Muy lejos de la justicia. Pero ¿ha prevalecido la justicia en los asuntos internacionales? ¿Es necesario revisar de nuevo el desastroso historial?

Guste o no, las opciones están reducidas ahora a un feo desenlace que más bien recompensa en vez de castigar a Putin por su acto de agresión… o la fuerte posibilidad de una guerra terminal. Puede parecer satisfactorio empujar al oso a una esquina desde la cual lanzará golpes desesperados. Pero no es juicioso.

Entretanto, debemos hacer cuanto podamos para ofrecer apoyo significativo a quienes defienden con valor su patria en contra de los crueles agresores, a quienes escapan de los horrores, y a los miles de valerosos rusos que se oponen públicamente al crimen de su Estado con gran riesgo personal, lo que es una lección para todos nosotros.

Y también deberíamos tratar de encontrar forma de ayudar a una clase de víctimas mucho más amplia: toda la vida en la Tierra. Esta catástrofe tiene lugar en un momento en que todas las grandes potencias, de hecho todos nosotros, deberíamos estar trabajando juntos para controlar el enorme flagelo de la destrucción ambiental que ya cobra una cuota funesta, y que se pondrá peor a menos que pronto se emprendan importantes esfuerzos. Para hacer entender lo obvio, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático acaba de emitir la más ominosa, con mucho, de sus evaluaciones regulares de cómo nos acercamos a la catástrofe.

Entre tanto, las acciones necesarias se detienen, incluso se da marcha atrás, y los muy necesarios recursos se desvían hacia la destrucción; el mundo está ahora en un curso de expandir el uso de combustibles fósiles, entre ellos el más peligroso y abundante, el carbón.

Difícilmente podría un demonio maligno idear una conjunción más grotesca. No podemos pasarla por alto. Cada momento cuenta.

La invasión rusa es una clara violación al artículo 2 (4) de la Carta de Naciones Unidas, que prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial de otro Estado. Sin embargo, Putin buscó ofrecer justificaciones legales para la invasión durante su discurso del 24 de febrero, y Rusia cita a Kosovo, Irak, Libia y Siria como evidencia de que Estados Unidos y sus aliados violan repetidas veces el derecho internacional. ¿Puede comentar sobre las justificaciones legales de Putin para la invasión de Ucrania y sobre el estatus del derecho internacional en la era posterior a la guerra fría?

No hay nada que decir del intento de Putin de ofrecer justificación legal a su agresión. No tiene ningún mérito.

Desde luego, es cierto que Estados Unidos y sus aliados violan el derecho internacional sin parpadear, pero eso no aporta ninguna justificación a los crímenes de Putin. Kosovo, Irak y Libia, de hecho, tienen implicaciones directas para el conflicto sobre Ucrania.

La invasión de Irak fue un ejemplo de libro de texto de los crímenes por los cuales los nazis fueron ejecutados en Nuremberg, pura agresión no provocada. Y un puñetazo a la cara de Rusia.

En el caso de Kosovo, se afirmó que la agresión de la OTAN (es decir, de Estados Unidos) era ilegal, pero justificada (por ejemplo, lo dijo la Comisión Internacional sobre Kosovo presidida por Richard Goldstone), sobre la base de que el bombardeo tuvo por finalidad acabar con las atrocidades que se cometían. Ese juicio requiere dar marcha atrás a la cronología. Hay abrumadora evidencia de que el alud de atrocidades fue consecuencia de la invasión: predecible, previsto, anticipado. Además, había opciones diplomáticas al alcance, pero, como siempre, fueron desdeñadas para favorecer la violencia.

Altos oficiales estadunidenses confirman que fue en primer lugar el bombardeo de Serbia, aliada de Rusia -sin siquiera informar a ésta por anticipado-, lo que revirtió los esfuerzos rusos por trabajar de algún modo con Estados Unidos para construir un orden de seguridad europeo posterior a la guerra fría, reversión acelerada con la invasión de Irak y por el bombardeo a Libia después de que Rusia accedió a no vetar una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que la OTAN violó de inmediato.

Los sucesos tienen consecuencias; sin embargo, los hechos pueden ocultarse dentro del sistema doctrinario.

El estatus del derecho internacional no cambió en el periodo posterior a la Guerra Fría, no en palabras, mucho menos en acciones. El ex presidente Clinton dejó en claro que Estados Unidos no tenía intenciones de someterse a él. La Doctrina Clinton declaró que Estados Unidos se reserva el derecho de actuar en forma unilateral cuando sea necesario, con inclusión del uso unilateral del poder militar para defender intereses tan vitales como asegurar el acceso irrestricto a mercados esenciales, fuentes de energía y recursos estratégicos. Lo mismo sus sucesores, y cualquier otro que pueda violar la ley con impunidad.

Eso no significa que el derecho internacional carezca de valor. Tiene un área de aplicabilidad, y es una norma útil en algunos aspectos.

El objetivo de la invasión rusa parece ser derrocar al gobierno de Zelensky e instalar en su lugar uno inclinado a Rusia. Sin embargo, al margen de lo que ocurra, Ucrania enfrenta un futuro desalentador por su decisión de convertirse en peón de los juegos geoestratégicos de Washington. En ese contexto, ¿qué probabilidad hay de que las sanciones económicas hagan cambiar a Rusia su postura hacia Ucrania, o bien las sanciones apuntan a algo mayor, por ejemplo, socavar el control de Putin dentro de su propio país y sus vínculos con países como Cuba, Venezuela y tal vez la misma China?

Tal vez Ucrania no haya tomado las decisiones más juiciosas, pero no tiene al alcance las opciones de los estados imperiales. Sospecho que las sanciones llevarán a Rusia a depender aún más de China. Salvo un serio cambio de ruta, Rusia es un petroestado cleptocrático que se apoya en un recurso que debería declinar con rapidez, o todos estaremos acabados. No está claro si su sistema financiero puede resistir un ataque intenso, a través de sanciones o por otros métodos. Razón de más para ofrecer una puerta de escape con una mueca de desagrado.

Los gobiernos de Occidente, los partidos de oposición convencionales, entre ellos el Laborista británico, y los medios corporativos se han embarcado en una chovinista campaña contra Rusia. Los blancos incluyen no sólo a oligarcas rusos, sino también a músicos, directores de orquesta y cantantes, e incluso propietarios de equipos de futbol, como Roman Abramovich, del Chelsea FC. Rusia incluso fue vetada del festival Eurovisión 2022 después de la invasión. Es la misma reacción que los medios corporativos y la comunidad internacional exhibieron en general hacia Estados Unidos después de la invasión y subsecuente destrucción de Irak, ¿cierto?

Su comentario irónico es muy apropiado. Y podemos continuar en formas que son demasiado familiares.

¿Cree usted que la invasión iniciará una nueva era de confrontación entre Rusia (posiblemente en alianza con China) y Occidente?

Es difícil ver dónde caerán las cenizas…y esto a su vez podría no resultar una metáfora. Hasta ahora China lo está tomando con calma, y es probable que siga adelante con su extenso programa de integración económica de buena parte del mundo dentro de su sistema global en expansión, que incorporó hace pocas semanas a Argentina a su Iniciativa de la Franja y la Ruta, mientras observa cómo los rivales se destruyen unos a otros.

Como hemos visto antes, la confrontación es una sentencia de muerte para las especies, sin vencedores. Estamos en un punto crucial de la historia. No puede negarse. No puede pasarse, ignorarse.

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